Frontera, Ciudad Jurez, Chihuahua, 2010.
Migrante an no identificado

Autor: Braulio Peralta
Foto: Francisco Mata Rosas

Nac donde el silencio es entrada a un pozo de oscuridad. Hoy ya no tengo rostro, no tengo patria: estoy fuera del mundo Alguien podra escucharme? Ac, donde los aztecas llegaron a dominar las Huastecas a punta de pedernal. Donde luego los espaoles, en persona de fray Junpero Serra y su cruz, destruyeron lo que quedaba de nuestras construcciones y, encima, levantaron la iglesia de su religin, con arcilla, barro, piedra cantera y concha molida. Nacimos de sangre sobre sangre. De aqu, pues: de Temapache, donde la vegetacin oculta crmenes de siglos. Habito en la cpula mayor, desde donde puede contemplarse el horizonte, hacia el mar, o al norte, rumbo al ferrocarril que alguna vez conduca hacia el otro lado: la nueva tierra prometida. Por aqu pasan los que no alcanzan a llegar a ninguna parte. Gente que desea un destino superior. Los que van tras la esperanza: cabizbajos, como una vela que llora: ocultos por sombras en que se funden el da y la noche. Son los invisibles. Los sin nombre; porque igual pueden ser usted, y usted, y usted Ya no los lloro. Para qu. Siglos de ver pasar la vida que se pierde. Fueron 72 los ltimos. Llegaron por los viejos carriles del ferrocarril. En el pueblo les ofrecieron atole, chocolate y tamaelotes: comida predestinada para los muertos. No saba que iban a un matadero en un rancho de Tamaulipas. Eran hermanos del sur, de la misma desgracia de milenios. Ahora les llaman migrantes cuando son de nuestra raza. La culebra que cruza por el altar para proteger lo que tenemos se escondi cuando los rayos del sol se fueron con el atardecer, cuando ellos siguieron su camino... Das despus, hasta ac escuch los gemidos, el crujir de huesos... Luego se convertiran en noticias, que suenan a barbarie: cuchillos, rfagas de fusil, sangre sin huellas de respiracin humana. Alguien podra escucharme? Ya no tengo patria. Sigo aqu, fuera del mundo, reteniendo en la memoria la masacre de nosotros mismos. No s si sirva de algo, pero al menos desde mi cpula, no les rezo: los pienso: para no olvidar, para no acallar, si acaso para conocer sus historias, algn da, cuando la verdad estalle.