Frontera, Tijuana, Baja California Norte, 2010.
Migrante an no identificado

Autor: Roger Bartra
Foto: Francisco Mata Rosas

Es un acto pico multiplicado por millones. Lanzarse lleno de miedo a una otredad prometedora para convertirse en un Otro ms, sumergido en la masa de inmigrantes que inunda a los pases ms desarrollados. Al migrante nmero 22 que perdi la vida en Tamaulipas el 23 de agosto de 2010 el acto audaz le cost muy caro. No alcanz su destino y se hundi en el anonimato para siempre. No se conoce su nombre. Slo se sospecha su origen. Se sabe cul fue su objetivo y podemos intuir las esperanzas que lo animaron a lanzarse a una aventura azarosa. Su decisin forma parte del hecho social y cultural posiblemente ms trascendente de nuestra poca. Los flujos masivos de emigrantes transforman las identidades que parecan ms slidas, trastornan los equilibrios polticos ms consolidados y dejan un rastro de agravios que niega la condicin avanzada que muchos presumen como marca de nuestro tiempo. Son el emblema de una modernidad llena de cicatrices, de una cauda de fracasos y de una multitud de vidas quebradas. El migrante nmero 22 acaso no lo saba, pero formaba parte del centro mismo de la historial global. Marginal como seguramente se senta, miserable y desempleado como las circunstancias lo obligaron a ser, al mismo tiempo muri aplastado por el peso de una Historia con mayscula, central e inclemente, que se cuela por todos los poros de la vida contempornea. El migrante nmero 22 merece el respeto hacia aquellos que ni siquiera tuvieron oportunidad de morir por la patria. Los sacrificados por el delirio pico de la postmodernidad merecen los honores que los hroes patriticos de antao recibieron.