Frontera, cerca de Tijuana, Baja California Norte.
Pedro Antonio Franco

Autor: Elia Baltazar
Foto: Pedro Valtierra

--Verdad que no lo maltraron? Verdad que no lo golpearon primero..? --Ana Virginia, tu mujer, pregunta con urgencia. Ella quiere saber qu te pas. Confortarse al menos pensando que la noche te cay de pronto sobre ese cuerpo grande y rubusto que ya no pudo ver. Fuerte como te recuerda, slo quiere imaginar que te fuiste entero, libre de dolor. Ya bastante habas tenido desde joven, cuando dejaste San Vicente y te enrolaste en un ejrcito que haca la guerra en esa patria tuya pequeita. Llegaste a sargento sin heridas. Apenas un dedo roto por un bala. Lo peor era tu miedo al sentir que la vida se te escurra entre la sangre de otros. Ella no te conoca entonces, pero t ya la buscabas. Se lo decas siempre como cumplido, cuando hablaban de San Miguel, donde ella haba crecido y tu rondabas. Cmo no la conoc entonces para robrmela, le decas con risa suelta. De verdad?, te preguntaba ella. Mujer que conoci el trato rudo de los hombres, apreciaba que t no le gritaras, que no la maltrataras, que la llamaras Tinita y la presumieras: me he encontrado a la mujer ms bella de este mundo, le decas a alguno de tus seis hermanos. Eras tan carioso con ella como con sus tres hijos y sus nietos. Los queras como propios y ella lo agradeca. Devolva que fueras bueno y carioso levantndose todava de madrugada para calentarte la comida y el atole, antes de verte partir a aquel trabajo de construccin que te reventaba la espalda. Ya habas pasado jornadas duras. En el campo y como despachador de autobs. A los 55 aos eras un hombre bien entrenado en las necesidades de un pas pobre. Sin embargo, nunca habas llevado a cuestas 80 libras (36 kilos, aproximadamente) todo el da, cada da. Hasta que llegaste a Maryland, donde la conociste ocho atrs, en un anden del Metro que compartan todas las tardes al volver a casa. Una estacin los separaba y mejor te la llevaste a vivir contigo. Viajaron a El Salvador para casarse y volvieron juntos a Estados Unidos. All se despidi de ti. Tuviste que dejarla: tu empleo se haba perdido en el derrumbe inmobiliario, estabas enfermo y sin permiso de trabajo. Por eso volviste a El Salvador, para permitirte como ciudadano una operacin imposible como migrante. En El Delirio, la comunidad donde dejaste tierra y casa, te volvi la salud y la aoranza. Ya no queras estar solo en San Miguel. Adems, muy pronto volveran juntos. En dos o tres aos, prometiste. Cuando hubiera dinero suficiente para comprar unos animales. Te encaminaste a Mxico apenas provisto para los das por venir y recorriste ms de mil 500 kilmetros hasta llegar a San Fernando, Tamaulipas: 300 kilmetros antes de alcanzar la frontera con Estados Unidos, se te acab el futuro. Un da antes de tu muerte, un hombre llam a Ana Virginia para decirle que esa noche cruzaras. Al da siguiente te encontraron tendido sobre el pedazo de tierra a desnivel que te toc en vida. Un poeta de apellido Dalton pudo haber escrito para ti: Llega la noche y lo destruye todo/viscoso mar arrasador/nada perdona el implacable.