Estacin Chontalpa, Tabasco.
Carlos Alberto Valle Lazo

Autor: Hanako Taniguchi Ponciano
Foto: Alonso Castillo

Quinientas lempiras hondureas metidas en una de las bolsas de los viejos jeans, una camiseta azul marina y la compaa de sus amigos Joan Adolfo y Brayan Ariel fue lo nico que se llev Carlos Alberto. Desesperacin y hasto era lo que reflejaban los ojos debajo de sus delgadas cejas, la noche en que tom el autobs rumbo al norte. Entre ruido de motores y humo con olor a gasolina quemada, le pidi a Belkis Paola, su esposa, que no dejara de orar. Que rezara para que pudiera cruzar el desierto. Que pidiera para que volviera en no ms de tres aos. A sus 20 aos, haba intentado de todo. Motorista, salvavidas en un parque acutico y operario en una maquila. Tres semanas en el desempleo bastaron para que decidiera dejar Honduras. La ltima vez que llam desde Mxico dijo que estaba bien, pero que necesitaba 500 dlares ms. De ah sigui una semana de silencio. Un silencio que se rompi con el llanto de la madre de Carlos Alberto cuando escuch los nombres de su hijo y sus amigos entre la lista de los 72 migrantes asesinados en San Fernando, Tamaulipas. Volvieron juntos Carlos Alberto, Joan Adolfo y Brayan Ariel. Cada uno dentro de un fretro con la leyenda 'Dios es ms grande que mis problemas' grabada en la tapa. Cuando la tierra comenz a caer sobre el atad, Diego y Esteven, los gemelos de tres aos que dej Carlos Alberto, preguntaron si estaban 'sacando un tesoro'. 'Estamos enterrando un tesoro', les respondi un familiar.