Albergue Hermanos en el Camino, Ixtepec, Oaxaca.
Joan Adolfo Chirinos Padilla

Autor: Karla Lottini
Foto: Noel Criado

Desde que se fue mi hijo, he llorado mucho."No duermo, no descanso eso me dice tu madre, Joan, cuando me trago la vergenza para pedirle que me ayude a reconstruir tu historia". Lo que le puedo decir, seorita, es que a mi hijito me lo mataron all en su pas, poco antes de llegar al otro lado. Como sabe, andaba junto con otros pobres que tambin lo dejaron TODO para ir en busca de una mejor vida. S, fjese qu cosa ms terrible: nos lo mataron, segn dicen que fueron unos narcotraficantes que se hacen llamar Los Zetas, gente mala, Dios mo, gente sin sentimientos. Si viera, seorita. Llor, le rogu a mi hijo que no se fuera y mire nada ms cmo terminaron las cosas: me lo quitaron. Por qu, para qu torturarlo? Cmo puede alguien ser tan malo con quien no le ha hecho dao? Cmo pueden ensaarse con alguien que lo nico que quiere es trabajar? No entiendo. Mi hijito dej TODO: madre, esposa y un beb que acaba de cumplir tres meses. Y todo por qu, seorita, por necesidad, porque no tena trabajo. Porque el gobierno roba y no nos deja nada ms que hambre: por eso se va la gente, no por gusto. Se lo dije, no te vayas mijito, es un viaje muy peligroso, pa qu arriesgarse. Y mire ust, ya no volvi como se fue, me lo devolvieron en un atad. Es que no puedo creerlo, es que cuando ust me pregunta cmo era l, veo en su rostro la esperanza, su sonrisa, las ganas de progresar. Porque mi Joan siempre fue buen nio: apartado, inteligente, estudioso. Nunca me dio problemas y ya ve lo que son las cosas, me lo mataron con crueldad. Tan buen hijo y con un beb al que amaba tanto. Qu ser de mi nieto ahora? Imagnese la pena de crecer sin l, de saber que su padre fue asesinado de esa manera, nada ms porque tuvo que pasar por donde no deba, nada ms por necesidad. No entiendo, no puedo, llevo das sin dormir, en shock desde que una ex novia de Joan me habl por telfono. Seora, me dijo, no me diga que Joan siempre s se fue pa los Estados Unidos. S mijita, le dije. Cmo? No, no me diga, no, por qu? Ya vio las noticias?, comenz a llorar la muchacha. Prend la televisin y ah estaba la tragedia, seorita. Tu madre se despedaza, Joan, llora inconsolable. Me quera morir (la escucho llorar, lloramos), no poda creerlo, me puse como loca, le grit a su hermana, nos abrazamos, nos tumbamos en el suelo, querindonos morir, pensando que no era cierto, que mi hijito segua con vida porque la ltima vez que nos llam el 12 de agosto dijo que estaba bien, que noms necesitaba 2 mil 500 dlares para el coyote que los cruzara. Cmo es la vida, seorita, ese mismo da hablaron del aeropuerto preguntando por l. Ya no est, les respond llorando. Era gente del aeropuerto que lo buscaba pa que entrara a trabajar con ellos la semana siguiente, fjese noms. Demasiado tarde, les dije, me lo mataron en Mxico. As le digo. No puedo creerlo, no duermo pensando en dnde estar mi Joan, cmo estar. Porque sabe?, esa tarde me llamaron por telfono preguntando si ramos sus familiares, nos dijeron que haba sucedido algo terrible, lo que ya sabamos pero no podamos creer. Yo no quera ver las fotografas que nos enviaron por la computadora; tuve que hacerlo: era mi hijo, mi Joan. Lo reconoc por su lunar en la costilla derecha y por su ropa. Es demasiado siquiera recordarlo, seorita, perdone, ya no quiero pensarlo muerto. Mi hijo no se ha ido, est aqu conmigo, le platico, lo siento. Para m, esto no ha ocurrido. Para m sigue vivo, por eso en septiembre le festejamos su cumpleaos como a l le gusta, con mariachis.

Desde la noche en que habl con tu madre, camino con tu nombre a cuestas sobre la pgina en blanco, remando de una orilla a otra para no ahogarme en tu sangre y el llanto de quienes te reclaman; desde aquella noche, cada pgina en blanco es la sbana limpsima que extiendo en tu camposanto con la ilusin de verte recostar tu cabeza sobre el pecho de tu madre, mientras tu mujer y tu hijo entrelazan sus manos con las tuyas. Desde aqu, desde esta tierra que no me pertenece, porque como t, soy migrante, te lloro, te escribo, te pido perdn y acaso erijo este humilde altar en tu memoria, para que el mundo no olvide que el 23 agosto de 2010, 72 hermanos de Centro y Sud Amrica perdieron la vida en territorio mexicano.