Repatriacin de los restos de Mayra Izabel Cifuentes Pineda y otras vctimas de la masacre de Tamaulipas.
Mayra Izabel Cifuentes Pineda

Autor: Laura Toribio
Foto: Moises Castillo

Slo 26 horas. Nada ms 26 te faltaban cuando llamaste a tu mam por ltima vez. Ya casi nada, Mayra, despus de los 14 das de trayecto que llevabas desde tu tierra, Guatemala, con rumbo a los Estados Unidos.
Esas horas no eran nada si ya habas vivido tus 24 aos en la aldea de La Gomera, departamento de Escuintla, en la miseria y sin opciones. Viendo a tu padre partirse el lomo, cortando fruta en una finca por unos cuantos quetzales, apenas suficientes para darte de comer a ti y a tus seis hermanos. Aunque fuera slo frjoles. Qu eran 26 horas? Si te cost un mes tomar la decisin ms difcil para una madre: abandonar a un hijo. Tuviste que hacerlo, dejaste a Gustavo, tu pequeito de cinco aos. Pero no tenas de otra, lo s, tu mam me lo confes, no queras que l corriera tu suerte: que desertara de la primaria en cuarto grado y que su nica opcin fuera vivir en un cuarto de lmina ni siquiera propio, sino alquilado.
Morenita de ojos dormilones, cejuda y de cabello castao quebrado, s que aorabas una vida digna para ti y para los tuyos, y ellos tambin lo saben. Y se los dejaste clarito ese 4 de agosto que te marchaste: le prometiste a tu hijo una bicicleta y un robot; a tu pap, que le mandaras dlares para que ya no tuviera que trabajar; y a ti misma, que juntaras muchos ms para hacerle su casita propia a tu mam y a tus hermanos.
Todava ni sabas de qu ibas a trabajar en Nueva Jersey, a donde llegaras a encontrarte con tu to y tu primo, pero ya habas decidido que no estaras ms de dos aos lejos de tu hijo. Se lo encargaste mucho a tu mam, y a l tambin le pediste que cuidara de ella. Y saliste en busca de lo que Guatemala, simplemente, te neg: oportunidades.
Te imagino los siguientes 14 das con hambre y con sed, aferrada al tren, con las mismas ganas que a los 12 te aferrabas a tu pap para que te llevara al campo a sembrar caa. Te imagino feliz ese 18 de agosto que supiste que tu hijo estaba bien, despus de que hablaste con tu mam para decirle que slo 26 horas te separaban del sueo americano. La llamada apenas dur segundos. Fue lo ltimo que pudo or de tu voz.
Mientras vean televisin, tus padres se enteraron que en el rancho de San Fernando, Tamaulipas, 72 migrantes haban sido asesinados. Nunca pensaron en ti. Ya estabas bien cerquita. Tu mam no lo crey hasta el 5 de noviembre cuando regresaste a Guatemala para ser enterrada. Y hasta el ltimo momento, se oblig a pensar que todo era una equivocacin, que su chiquita no poda estar muerta.
Fuiste la ltima en descender del avin que te trajo de Mxico. Cuando mir tu foto, en aquel atad gris, se desvaneci toda esperanza.
Tu hijo sigue sin creerlo. Tu mam lo lleva cada sbado al cementerio a visitarte. l no la entiende; te sabe en Estados Unidos juntando dlares.
Nadie lo ha podido convencer de que ests muerta. Y a los que lo intentan les responde que le ests buscando su robot y su bicicleta.