Repatriacin de migrantes guatemaltecos vctimas de la masacre de Tamaulipas, septiembre 2010.
Santos Enrique Agustn Hernndez

Autor: Jos Gil Olmos
Foto: Moiss Castillo

Cuando el tren inicia su marcha hacia el norte en Arriaga, Chiapas, las ruedas metlicas comienzan a rechinar infernalmente. Primero se sacude la bestia de acero y los migrantes que van empotrados en su lomo se aferran como pueden, jugndose la vida. Luego brama y se empieza a mover, y con un agudo silbido rompe el silencio nocturno a cientos de kilmetros de Izabal, Guatemala, de donde era oriundo Santos Enrique. Los migrantes centroamericanos son como los salmones que nadan ro arriba, siempre a contracorriente, siempre escabullendo del peligro de ser atrapados, siempre buscando un remanso y un mejor lugar para vivir y reproducirse. Santos haba dejado atrs las montaas, selvas y ros que hacen de su pueblo uno de los ms hermosos de su pas; atrs qued tambin el lago al que los vascos le pusieron Izabal y las playas de arena blanca que buscan tanto los turistas, hechizados por los apacibles manates. El sueo de ir al norte le haba atrado desde joven y a sus 41 aos segua siendo su ilusin. Por eso dejaba las mejores tierras de su querida Guatemala, para hacer realidad su sueo, como muchos miles de centroamericanos que han montado la bestia de acero que atraviesa el infierno mexicano. Cruz esta vez la frontera a contracorriente, siempre a contracorriente, Santos miraba hacia el norte como un faro en la oscuridad. Slo que ya no pudo alcanzar el otro lado del ro. Unas balas lo cegaron. La noche del 24 de septiembre era lluviosa en el valle de Ciudad de Guatemala. Los torrentes aguaceros no dejaban que el avin aterrizara. Por fin toco pista en las instalaciones de la Fuerza Area Guatemalteca, donde los esperaba el presidente y una escolta militar. Santos Enrique nunca pens tener una recepcin tan importante al regresar a su tierra. Esa noche ya no hubo lgrimas ni despedidas, tampoco aull la bestia de acero antes de empezar su marcha. Esta vez hubo banderas e himnos, medallas y condecoraciones en su honor. Era un hroe, un migrante convertido en hroe, pero su familia fue a recibirlo en un atad cubierto de flores.