Adentro de "La bestia," Amatln, Veracruz.
MIGRANTE AUN SIN IDENTIFICAR

Autor: Mariclaire Acosta
Foto: Ricardo Ramrez Arriola

Quiero creer que ya encontraste la paz, y espero y deseo con todas mis fuerzas que los tuyos, los que te despidieron, los que te esperaban, la encuentren tambin. Yo me quedo aqu con el dolor y la verguenza horribles de saber que tu muerte y la de tantos otros como t estuvo largamente anunciada, pero que nunca hicimos nada en serio para impedirla, y mucho menos para prevenirla. Eso a pesar de que nos lo dijeron los expertos de la ONU y de la OEA que invitamos para investigar las condiciones de los migrantes indocumentados en Mxico. No fueron pocas las advertencias que nos hicieron de que la colusin entre funcionarios corruptos y grupos de delincuentes, dispuestos a secuestrar, extorsionar y matar, era la amenaza ms temible para quienes transitaban por nuestro territorio hacia los Estados Unidos. Lo dijeron y lo repitieron aqu en Mxico, en Ginebra, en Washington y en Nueva York, cada vez que se tocaba el tema de los derechos de los trabajadores migratorios y sus familias en algn foro internacional. Como nos los dijeron tambin Amnista Internacional y la Comisin Nacional de Derechos Humanos, exhibiendo casos concretos, nombres, pelos y seales. Lo volvieron a decir las organizaciones civiles mexicanas, exhibieron pelculas, documentales, testimonios, denuncias. Pero siempre miramos para el otro lado como si no se estuvieran refiriendo a nosotros: los que aqu vivimos, los que nos indignamos cuando all, en "el otro lado" le hacen algo a algunos de los nuestros. Que ceguera la nuestra, que hipocresa, que indiferencia criminal.

Cuando pienso en tu cautiverio, el tormento y asesinato posteriores, siento mucho dolor y mucho horror, y eso se mezcla con un deseo enorme de abrazarte, acogerte contra mi pecho y cerrarte los ojos para que no vieras, no sintieras ese desamparo que seguramente te acompa desde que supiste lo que iba a suceder, y entendiste que no tena remedio. Hubiera querido acompaarte, aunque eso hubiera significado correr tu misma suerte. Porque, igual ahora, algo en m ha muerto desde que supe lo que te sucedi. La noticia fue como un latigazo que me cimbr. La sola dimensin de lo que te pas a t y a tus compaeros de viaje me sigue dejando sin aliento.

Hacerle eso a personas como t, que como tantas otras en mi propio pas, y en el mundo entero, estn dispuestas a someterse a una travesa como la que hiciste para buscar un mundo mejor para ti y tu familia, por qu? Para qu? Por dinero? Para demostrar quin manda? Para escarmentar? Para mantener el "negocio"? Por el puro gusto? Cmo puede ser? Y cmo lo hemos permitido? Cmo llegamos a este punto?

Por todo eso y porque tu muerte tan cruel e inmerecida es como un espejo en el que nos miramos los que aqu vivimos para preguntarnos por qu hemos permitido tanta degradacin, te pido perdn.