Migrante salvadoreo con heridas de machete en el cuello.
Migrante aun sin identificar

Autor: Alberto Chimal
Foto: Nicola kin Frioli

No s el nombre de esta persona, que tuvo una muerte injusta y brutal. Tampoco s los detalles de su biografa. Pero conozco su historia. Y la conozco porque es la de muchos otros: miles que intentan sobrevivir en un mundo que no est hecho para que sus pobladores subsistan y tengan al menos un poco de dignidad y justicia a lo largo de sus vidas. Cuando la situacin se volvi insostenible en su lugar de origen, quiso buscarse otro: quiso seguir la ruta espantosa que lleva, segn debe haber escuchado muchas veces, a una versin del sueo americano que le pareca posible: un poco ms de trabajo, un poco ms de dinero, una existencia precaria pero al menos capaz de continuar. Una posibilidad de seguir con vida. En la lengua espaola hay palabras para nombrar la muerte que da un individuo a otro individuo. Tambin las hay para cuando muchos matan a muchos otros. Pero no hay una palabra que nombre la muerte dada a uno por todos los dems. Esa palabra nos hara falta ahora, porque es la que describe lo que le sucedi a este hombre. No lo mat solamente un sicario, o una banda. Lo matamos todos. Ustedes y yo. Lo matamos, si no con armas, con nuestra inaccin y nuestra indiferencia. Cada uno de nosotros tiene en sus manos aunque sea un poco de su sangre, del sabor o el aroma o la memoria de su sangre.