Migrante salvadoreo muerto a tiros por el ejrcito en Comitn, Chiapas.
Migrante an no identificado

Autor: Ana Xchitl vila
Foto: Fredy Martn

Hola,

Tulio Unoms es mi nombre aunque me recuerden en el pueblo con el del ingrato Tulio, desertor de sus condiciones de vida, Seor Unomenos que abandon a sus viejos junto con sus deudas, mandando al carajo y de un manazo no s cuntas promesas.
Y nunca sabrn con cunta razn. Por razn del elemento plomo que un bachiller me inform es causador de la rabia a cuenta gotas, de las migraas y el cretinismo, lo cual pude verificar, cuando fue mi turno ponerme bajo una lluvia de plomo. Ahora que esa enfermedad cunde tambin en mi pueblo en su forma ms leve. Le da por ejemplo a un novio o marido encelado antes de aporrear a su mujer, a las mujeres durante sus maledicencias o a un miembro de la polica o del cabildo si se olvida uno del 'regalo'. Pero lo que es all, ha tomado otras proporciones y no yerro en decir que mi viaje fue al mundo de los cretinos.

A este mundo aterriza uno siempre frente a una va frrea -y la hierba entorno crece con rabia visiblemente intoxicada- y a lado de las vas, las dos piernas y, encima de las piernas, la persona entera de nuestro contacto la 'coyote', que nos cuenta como ganado y mientras creamos ya ponernos en camino porque el nmero es exacto, vemos que no ser bajo esta gua porque a la vuelta de la esquina aparecen dos cretinos de su banda que despachan a nuestra ex coyote de un mazazo y la hierba recibe sus lindas piernas y sesos y nosotros, uno que otro golpe. De golpes perdidos igual se muere y entre los Unomenos se qued all alguien, para demostracin.

Luego fue el camin. El coyote suplente nos llevar en camin. A los camiones los odio, siempre los he odiado. En ste bamos hacinados, oliendo a hiena, con la vejiga bajo amenaza de 'si ensucibamos' y, mientras la lluvia tamborileaba sobre el capote, suframos sed maldita, entonces platicbamos, una regional de la miseria: Unomenos de ambos sexos y seis nacionalidades, haciendo agua y murindonos de sed, las suelas gastadas, sin calcetines, el callo nuevo sobre el viejo y con todo, con nuestras mejores galas, algo para presentarse en el mercado de trabajo. Aunque la oferta nos lleg sin solicitarla.

Andbamos con la banda perdedora, eso debe de quedar claro y, si se contacta a un coyote en el pueblo, es necesario informarse de los golpes dados aqu al narcotrfico. En ese momento estaban en plenas represalias en su contra y ni siquiera se tomaron la pena de pedir rescate por nosotros. Nos bajaron y pusieron contra la pared. Se trataba de arruinarle esa rama a la banda concurrente ahora que andaba con las de perder: la rama de los Unomenos, de la transmigracin, rama del contrabando de personas muy emparentada con la del secuestro local, por cierto que ua y carne con las ramas de la extorsin y putera, que se arraigan a su vez en la del narcotrfico, y as hasta cubrir el repertorio completo de las economas subterrneas.

Y nosotros de una mansedumbre! -cual es por lo general sano tener ante el plomo, la enfermedad del plomo, y aquellos cretinos estaban infestados.

Se nos unen o los mato.

Como padecamos privacin de libertad, conservar siempre mis dudas respecto a la sinceridad de su oferta de trabajo, dirigida a Seoras, Seores y Seoritas en manojos de a cuatro, fraternalmente agarrados de las manos y, para mayor seguridad, con unas cuerdas, a quienes se nos pregunt si queramos ser sicarios y que nos pagaran bien o quizs esa parte la imaginamos- y, para que furamos justos, estbamos tambin ciegos con los ojos vendados.

Luego nos llovi sobre mojado: Plomo.