Rio Bravo, Reynosa, Tamaulipas.
PEDRO ANTONIO RUBIO GARCA

Autor: Luca Irabien
Foto: Daniela Rea

Peyeto: S generoso conmigo y permite que te llame con el mismo mote con el que lo hacan los que te amaban all en Suyapa, tu pobre barrio en Nacaome, sur de Honduras. Te escribo llena de vergenza. La cargo desde el 24 de agosto, cuando supe que estabas muerto desde haca dos das. Desconoca casi todo sobre ti, entonces eras un cuerpo apilado junto a otros 71; te faltaba rostro, identidad, biografa. Ni falta hacan. Me angusti imaginar tu miedo, pensar en el fro, en la crueldad, en el estruendo previo. Dese que fuera mentira, que el rancho donde te encontraron, estuviera en otra parte. Que no fuera en mi Mxico. Te asesinamos. Mi pena es mayor ahora que he ido desenmaraando tu historia. Me pesa, Pedro, saber que tenas slo 26 aos, que fuiste un hombre valiente. Nada pareca capaz de frenar el camino que habas elegido. No te mat el dolor que sentiste hace un ao al saber que tu hija haba muerto. Tampoco te venci la tristeza cuando tu mujer te abandon. No. Te decidiste en cambio a darle un viraje a tu vida, agarrar camino hacia el norte y ayudar desde all a tus viejos, que hoy no hallan consuelo. No desististe cuando el dueo de Regalo de Dios, el negocio para el que repartas pan, crey que negndote el dinero que te deba te arrepentiras de irte. Tampoco sirvi aquella ltima pltica con el mayor de tus cuatro hermanos, el que tambin vino a Mxico camino a Estados Unidos, y vivi tantas cosas horribles que jur nunca volver a la tierra de la que lo deportaron. Fue tu paso por Mxico el que trunc tu andar. Perdn Peyeto. Porque lo sabamos y no hicimos nada. Porque antes de ti hubo al menos diez mil migrantes secuestrados. Porque ya 1,145 hondureos han muerto desde hace ocho aos durante su camino al norte, segn la cancillera de tu pas. Porque preferimos tirar la culpa a otro lado. Porque no te vimos. Porque no sabemos exigir justicia para ti. Perdn. Porque mientras escribo y mientras otro lee, el miedo, el fro, la angustia, el dolor, se repetirn en alguien ms. Perdn, porque otra vez hay madres con el alma destrozada por una ausencia, y sobrinos como los tuyos gritando a un cuerpo inmvil To, te quiero ver vivo! Y yo slo sigo aqu sentada, lamentando nuestra desgracia.