A bordo de la bestia, Chiapas.
Sabas Ramn Oliva

Autor: Emiliano Ruiz Parra
Foto: Mauricio Palos

Le pido a Santos Nahum Oliva que me d su direccin en El Quebrachal para enviarle esta nota. Nunca he recibido una carta, dice por telfono. Le pido su cuenta de correo electrnico. No tiene. Slo ha entrado a internet en San Esteban, la cabecera municipal que est a tres horas de camino. El Quebrachal carece de un puente para el lecho del ro, as que en temporada de lluvias se juntan el aislamiento geogrfico y el aislamiento digital. Haba una oportunidad de que alguien en su familia rompiera el estado de sitio. Judith, de 15 aos, quera ir al colegio en Tegucigalpa. Un miembro de la familia Oliva hubiera podido retar al destino al que est condenado quien nace pobre en su pueblo: estudiar hasta sexto de primaria (a lo ms que se puede llegar ah) y luego pasar la vida ordeando vacas ajenas, chapeando potreros, amansando caballos que no te pertenecen y sembrando frijol y maz para el autoconsumo. Con el asesinato de Sabas Ramn Oliva esa oportunidad se desvaneci. Sabas Ramn haba vivido la vida a la que estaba destinado en El Quebrachal. Era el mayor de nueve hermanos y padre de dos varones y dos mujeres a quienes bautiz con nombres bblicos. Su persistencia y coraje lo distinguan no solamente cuando jugaba futbol como defensa central. De sus hermanos fue el nico que se atrevi a cruzar. La primera vez tena 42 aos. Lleg a Houston, Texas, y se emple en un restaurante de comida china, en donde su bonhoma le permiti llegar a mesero. Pero el sueo americano, que para un hondureo indocumentado significa ir a que te exploten en el pas ms rico del mundo, durara slo dos aos. Fue descubierto y deportado. Persistente, lo intent cuatro veces ms. Las primeras tres, me dice su hijo Santos Nahum, fue deportado por autoridades mexicanas, las que le hacen el trabajo sucio de contener la inmigracin ilegal a la Border Patrol. La cuarta, ese trabajo sucio lo hicieron los Zetas. Tena 47 aos. Junto con la oportunidad perdida de Judith se esfum la ilusin de terminar de construir la casa familiar. Sabas Ramn quera estar dos aos en Estados Unidos, ahorrar para un carrito de pedales y retirarse como distribuidor de leche en su pueblo. Planes que ahora son quimeras. De Sabas Ramn Oliva, adems del recuerdo, queda un par de zapatos de futbol que le regal a su hijo Uriel antes de partir. Zapatos para jugar en las lluvias y en las secas, porque el nico puente que rompa el cerco de El Quebrachal fue destruido en San Fernando, Tamaulipas.