Restos de ropa en la ribera del ro Bravo, Nuevo Laredo, Tamaulipas.
Migrante an sin identificar

Autor: Eduardo Rabasa
Foto: Edu Ponces

Cuando el relato humano de su propio andar era ms sutil, todava era vlido el difundido proverbio que afirmaba que el mejor de los ardides del diablo haba sido convencer al mundo de su inexistencia. Lo etreo del mal era su principal arma. Cmo combatirlo si ni siquiera existe? El infortunio era derivado; una consecuencia indeseable que poderosos fantasmas como el progreso y la libertad habran de erradicar.
Hoy, la realidad se ha vuelto mucho ms real que la ms sdica de las fantasas. El diablo ya no necesita convencer de nada a nadie porque pasa igual de inadvertido, slo que ahora por exceso de presencia. No estamos codificados para comprender realmente los sucesos que ahora son tan cotidianos. Quin? Por qu? Para qu? Ellos. Porque s. Noms.
En qu consista tu Latinamerican Dream, migrante annimo sin identificar? En ahorrar para pagar por el privilegio de emprender un interminable trayecto, hacinado entre decenas de almas inertes, movindote entre temperaturas y hambre extremos. Las mujeres saben que la violacin es una posibilidad tan certera que toman la pldora antes de partir. A la lista de peligros habituales como las aguas del ro, los policas fronterizos y los rancheros psicpatas se ha sumado uno peor, el que cobr tu vida, no slo por ser ms letal sino porque la sangre derramada en casa es ms espesa. El premio que ya no alcanzaste: la oportunidad de limpiar la mierda de autmatas codiciosos en mejores condiciones y a cambio de muchas ms migajas verdes de las que veras en toda tu vida en casa. Buena parte del aliciente: aliviar en algo la miseria de los que se quedaron, darles a tus descendientes la oportunidad de comenzar en un crculo ms cercano al purgatorio y ms lejano del infierno.
Qu tan brutal tiene que ser lo que se deja atrs a cambio de esto?

Si el horror es lo cotidiano, pierde su esencia?
Cuando el pensamiento se topa con uno de los infinitos
callejones sin salida de su laberntica existencia, no queda
sino el gesto ritual, anclado en este caso en la palabra, para
intentar ofrecer algn sentido a lo que dej de tenerlo hace ya mucho tiempo.