Migrantes que fueron asaltados se dirigen al refugio Hermanos en el Camino, Ixtepec, Oaxaca.
Migrante an sin identificar

Autor: Humberto Ros Navarrete
Foto: Edu Ponces

Oscurece. El conductor prende los faros del coche. El vehculo da tumbos sobre una vereda que bordea Tapachula, Chiapas, cuyo resplandor apenas se percibe en esta zona donde centellean parvadas de sombras a ras de tierra. En cada parpadeo brillan puados de cocuyos. Resplandecen entre frondosos matorrales que forman parte del barrio Las Huacas. Es la visin que perciben el del volante y su copiloto.
Viste?
Qu?
Apaga el motor.
Escuchan aleteos.
Son murcilagos.
Prende las luces.
Y de nueva cuenta brotan esas siluetas deformes. Buscan la oscuridad. Los delata el brillo de sus ojos. Los automovilistas descienden.
Sigilosos, todava asustados, unos 20 hombres, la mayora jvenes, aquietan la desbandada. De claroscuros salen voces:
Son del Beta o de la tira?
Somos reporteros dice el del volante, que soy yo.
Dos observan las credenciales. El resto sigue tras la maleza. A dnde van?
A Estados Unidos, a Atlanta.
Por qu?
Porque somos pobres. En Honduras, el pobre es ms pobre y el rico es ms rico. Pero el hombre, desgarbado, hace una pausa y junta las manos no queremos que nos maltraten los mexicanos. En Honduras dejamos pasar a los ecuatorianos. Por qu aqu no nos dejan pasar a nosotros?
Y hasta dnde piensan llegar?
Hasta donde nos lleve la noche.
Y volvern a camuflarse.
Y caminarn en la oscuridad, como fantasmas, y atravesarn la escabrosa cintura de este pas, Mxico, hasta llegar a Tamaulipas, el mismo lugar donde el sueo de setenta y dos migrantes se convertir en un espejismo. Entonces sobrevendr el dolor y el negro pozo de la muerte.
Y en todo el mundo irradiarn pesares, luto, furia, lgrimas y lamentos, y despus llovern rosas sobre sus tumbas; y ms sollozos, similares a los que ellos dejaron en una travesa sembrada de espinas.
Todo por un sueo.
Y porque no haba opciones.
Mis hermanos.