Migrantes al inicio de su recorrido al norte, San Pedro Sula, Honduras.
William Geovanny Ortes Bentez

Autor: Roberta Garza
Foto: Mauricio Palos

Regresaste a Honduras en un avin privado del Estado mexicano para ser recibido por cadetes de la Academia Militar, por un ministro catlico y el otro evanglico que rezaban por ti y, al final, por el presidente Porfirio Lobo. Nadie hubiera pensado que eso fuera posible cuando emprendiste tu viaje; a los 22 aos vivas con tu esposa y tu hijo pequeo en la casa de tus abuelos en Catacamas, Olancho, que dejaste para buscar ese pas donde un ebanista pobre puede hacerse rico trabajando y, con el tiempo, dejar de ser William para llamarse Mster William. Queras llegar hasta all huyendo de la miseria junto a tu hermana mayor, Kenia, una de las 12 que tienes, para jalar despus a tu viejo, Gabriel. As se lo dijiste antes de partir a l y a tu madre de hermoso nombre, Olga Marina, cuando les pediste una colecta familiar para comenzar el recorrido. Kenia se separ de ti en Guatemala y t fuiste masacrado a pocos kilmetros de la frontera. Tu cuerpo fue identificado gracias a pruebas de ADN; el Estado mexicano, tan poco cuidadoso con tu muerte como lo fue con tu vida, quera enviar a tu pueblo a un cadver que no eras t. Tu familia lo supo por un tatuaje. Nadie hubiera pensado que eso fuera posible. Regresaste muerto a tu pas y el presidente sali a recibirte. Ibas en el fretro nmero 30.