Comunidad expulsora de migrantes, Jalapa, Guatemala.
Migrante an sin identificar

Autor: Brenda Lozano
Foto: Ricardo Ramrez Arriola

Un migrante menor de edad. Viaja en camiones de doble fondo, en trenes de carga, en su trayecto por Mxico. Le vendan, a veces, los ojos durante el trayecto. Viaja en grupo. Por la madrugada, el grupo camina por las vas del tren. Son increpados violentamente por unos hombres. Los secuestran. Les gritan, los patean. Les queman los brazos, el cuello, con cigarros. Les dan, a veces, comida en mal estado. Ellos, los que vigilan, escuchan corridos, inhalan cocana, beben cerveza. Para amenazarlos, les ensean un video de cmo mataron a un migrante. El menor de edad observa el video desde el piso. Mira el video: rodean a un hombre, lo patean, le avientan una piedra. Observa cmo le deshacen la cabeza. Escuchas su respiracin. Escuchas la respiracin del menor de edad.

Un menor de edad como otro entre los 72 migrantes. Un menor de edad que no pudo contarlo. Contar la extrema crueldad, la tortura. Uno que ahora no puede denunciar el secuestro, la amenaza, las violaciones, las palabras a su alrededor, el sonido de los impactos de bala, los gritos. Por qu tendra l que narrar algo as? Por qu contar su muerte? En homenaje minsculo al asesinato de ese menor de edad acompa a otro que sobrevivi a una escena violenta. En la ciudad de Mxico, durante su recuperacin, al lado de su cama en el Hospital Infantil Federico Gmez, pasamos el tiempo conversando y, hacia el final de mi visita, le le cuentos que l escogi entre los libros que llevaba en la mochila. Le gustaba que le leyera, no le gustaba que la gelatina no tuviera azcar, quera volver caminar. Tena el deseo de salir y tena miedo de salir. All, mdicos y enfermeras lo cuidaban bien. Si mi migrante an sin identificar hubiera sobrevivido al ataque en el que murieron 71 ms, me habra gustado acompaarlo a l, menor de edad entre los 72, durante su recuperacin. Pero no sobrevivi nadie, no sobrevivi l. Es uno ms de estos casos negros que son nuestra respiracin.